Estos pancitos de ajo son ideales para acompañar comidas o para comer solos, recién salidos del horno.
Quedan bien tiernos por dentro, con una superficie dorada y un aroma intenso a ajo y hierbas.

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Son simples de hacer y rinden perfecto para una comida especial o para sumar a la mesa diaria.
Ingredientes
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200 ml de leche tibia
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10 g de azúcar
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5 g de levadura seca
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40 g de manteca derretida
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1 huevo
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425 g de harina de trigo común
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½ cucharadita de sal
Para la mezcla de ajo
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2 a 3 dientes de ajo bien picados o rallados
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2 cucharadas de perejil fresco picado
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½ cucharadita de orégano seco
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30 g de manteca derretida
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1 pizca de sal
Para pincelar
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1 yema de huevo
Preparación
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En un bowl colocá la leche tibia junto con el azúcar y la levadura seca. Mezclá y dejá reposar unos minutos hasta que empiece a activarse.
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Agregá la manteca derretida y el huevo, integrando bien todos los líquidos.
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Sumá la harina de a poco junto con la sal y comenzá a amasar hasta lograr una masa suave, lisa y elástica.
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Tapá el bowl y dejá reposar la masa en un lugar cálido durante aproximadamente 1 hora, o hasta que duplique su tamaño.
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Una vez leudada, bajá el aire y dividí la masa en 8 a 12 porciones, según el tamaño que quieras.
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Formá bollitos parejos y acomodalos juntos dentro de un molde previamente enmantecado.
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Tapá nuevamente y dejá reposar hasta que vuelvan a crecer y se junten entre sí.
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En un recipiente mezclá la manteca derretida con el ajo, el perejil, el orégano y la pizca de sal.
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Pincelá los pancitos primero con la yema de huevo y luego con la mezcla de ajo y hierbas.
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Llevá a horno precalentado a 200 °C y cociná entre 20 y 25 minutos, hasta que estén bien dorados.
Consejos:
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La leche debe estar apenas tibia para no afectar la levadura.
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Si la masa se pega un poco, agregá apenas harina al amasar, sin excederte.
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Para un sabor más marcado, podés dejar reposar la mezcla de ajo unos minutos antes de usarla.
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Quedan mejor consumidos tibios, cuando están bien esponjosos.
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Se pueden recalentar unos minutos en horno bajo sin que pierdan textura.
Estos pancitos de ajo quedan dorados por fuera, suaves por dentro y con un aroma irresistible.
Son perfectos para acompañar pastas, sopas o simplemente para disfrutar como pan saborizado casero.
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