Si tenés ganas de hacer pan casero pero sin meterte en procesos complicados, esta receta te va a encantar.
Es práctica, rendidora y no requiere amasado, ideal para cualquier momento del día.

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El resultado es un pan tierno, bien aireado y con una corteza dorada que lo hace irresistible desde que sale del horno.
Ingredientes
- 2 tazas de leche tibia
- 1/2 taza de aceite neutro
- 2 huevos
- 1 cucharadita de sal
- 2 cucharadas de azúcar
- 1 sobre (10 g) de levadura seca
- 4 tazas de harina común
Preparación
- En una licuadora colocá la leche tibia junto con el aceite, los huevos, la sal, el azúcar y la levadura. Procesá durante uno o dos minutos hasta lograr una mezcla homogénea.
- Pasá la preparación a un recipiente amplio y comenzá a sumar la harina de a poco, mezclando con cuchara o espátula. La textura final tiene que ser espesa y algo pegajosa, pero manejable.
- Con las manos apenas enharinadas, podés formar bollitos o directamente volcar la mezcla en moldes previamente enmantecados. No llenes más de la mitad, ya que la masa va a crecer bastante.
- Cubrí con un repasador y dejá reposar entre 30 y 45 minutos en un lugar cálido, hasta que duplique su volumen.
- Mientras tanto, encendé el horno a 180 °C para que vaya tomando temperatura.
- Cuando la masa haya leudado bien, llevá los moldes al horno y cociná entre 20 y 30 minutos, hasta que estén dorados y bien cocidos por dentro.
- Retirá, dejá entibiar unos minutos y desmoldá con cuidado.
Consejos:
- La leche tiene que estar tibia, no caliente. Si está muy caliente puede arruinar la levadura y el pan no va a crecer bien.
- Si querés un dorado más intenso y parejo, pincelá la superficie con yema mezclada con un poco de leche antes de llevar al horno.
- Podés agregarle a la masa semillas (sésamo, chía o lino) para darle más textura y sabor.
- Otra opción es sumarle queso rallado o cubitos de jamón para hacerlo más sabroso y convertirlo en una versión salada tipo pancito de panadería.
- Si la masa te queda muy pegajosa, no agregues demasiada harina extra: es normal que sea blanda, eso ayuda a que el pan quede más esponjoso.
- Para un mejor leudado, dejá reposar la masa en un lugar cálido y sin corrientes de aire. Un buen truco es meterla dentro del horno apagado.
- Si querés hacerlo en versión grande tipo pan de molde, usá una budinera y controlá bien el tiempo de cocción para que no quede húmedo en el centro.
- También podés dividir la masa en porciones pequeñas y congelarlas antes del leudado. Después las sacás, dejás que leven y horneás directo.
- Para saber si está listo, golpeá suavemente la base del pan: si suena hueco, ya está cocido.
- Dejalo enfriar un poco antes de cortarlo, así no se desarma y mantiene mejor la textura.
Queda un pan suave, esponjoso y muy fácil de hacer, ideal para tener siempre a mano en casa.
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