Una receta clásica, rendidora y con mucho sabor, ideal para acompañar o disfrutar sola.
La clave está en lograr un interior bien húmedo y una superficie dorada que contraste en cada bocado.

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Ingredientes
- 4 tazas de choclo (puede ser fresco o en lata bien escurrido)
- 2 huevos
- 1 cebolla grande
- 150 g de queso cremoso
- 100 g de queso rallado (tipo reggianito o similar)
- 200 ml de leche
- 3 cucharadas de manteca
- Sal y pimienta a gusto
Preparación
- Picá la cebolla bien chiquita y cocinala en una sartén con la manteca a fuego medio hasta que esté transparente y apenas dorada. Este paso es clave para que no quede cruda dentro de la preparación.
- En una licuadora o procesadora, colocá el choclo junto con la leche y procesá apenas. No tiene que quedar completamente líquido: lo ideal es una textura intermedia, con parte del grano todavía visible.
- En un bowl grande, batí los huevos y agregá el choclo procesado junto con la cebolla ya cocida.
- Sumá el queso cremoso cortado en cubitos y el queso rallado. Mezclá bien para integrar todos los ingredientes.
- Condimentá con sal y pimienta a gusto. Tené en cuenta que el queso ya aporta sal, así que es mejor ir probando.
- Enmantecá una fuente para horno y volcá la preparación. Emparejá la superficie con una cuchara o espátula.
- Llevá a horno medio (180 °C) durante aproximadamente 40 a 50 minutos, o hasta que la superficie esté bien dorada y firme al tacto.
- Retirá del horno y dejá reposar unos minutos antes de cortar. Esto ayuda a que tome mejor consistencia y no se desarme al servir.
Consejos:
- Si usás choclo en lata, asegurate de escurrirlo muy bien para evitar que la preparación quede demasiado líquida.
- Para una textura más cremosa, podés agregar un poco más de queso cremoso o incluso un chorrito extra de leche.
- Si te gusta más rústico, procesá menos el choclo para que se sientan bien los granos en cada bocado.
- No cocines a temperatura muy alta, porque se puede dorar rápido por fuera y quedar crudo en el interior.
- Si querés un dorado más intenso arriba, podés espolvorear un poco de queso rallado antes de llevar al horno.
- Es importante dejar reposar antes de cortar, ya que al salir del horno está más blando y puede desarmarse.
Un plato simple pero lleno de sabor, con esa combinación perfecta entre lo cremoso del interior y lo dorado de la superficie que lo hace irresistible.
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