La focaccia es un pan italiano de masa aireada, corteza dorada y sabor a aceite de oliva.
El romero y la sal gruesa le dan su carácter tradicional, mientras que una fermentación tranquila permite conseguir una miga tierna y llena de pequeños alveolos.

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Ingredientes
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500 gr de harina 000
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400 ml de agua a temperatura ambiente
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7 gr de levadura seca o 20 gr de levadura fresca
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10 gr de sal fina
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20 ml de aceite de oliva para la masa
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40 ml de aceite de oliva para la fuente y la superficie
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2 ramas de romero fresco
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Sal gruesa a gusto
Preparación
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Colocar la harina en un bowl amplio. Agregar la levadura y mezclar. Incorporar el agua poco a poco mientras se integra con una cuchara o espátula hasta obtener una masa húmeda y pegajosa.
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Añadir la sal fina y los 20 ml de aceite de oliva. Mezclar durante unos minutos hasta que no queden restos de harina seca. La masa debe permanecer blanda y bastante hidratada, por lo que no es necesario agregar más harina.
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Tapar el bowl y dejar descansar durante 20 minutos. Con las manos ligeramente humedecidas, tomar un extremo de la masa, estirarlo suavemente y plegarlo hacia el centro. Repetir desde los cuatro lados.
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Dejar descansar otros 20 minutos y realizar una segunda serie de pliegues. Repetir una vez más si la masa todavía está muy floja. Con cada descanso irá ganando elasticidad y estructura.
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Cubrir el bowl y dejar fermentar durante aproximadamente 1 hora y media a 2 horas, o hasta que la masa aumente notablemente su volumen. El tiempo puede variar según la temperatura ambiente.
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Distribuir unos 20 ml de aceite de oliva en una fuente rectangular de aproximadamente 25 × 35 cm. Volcar la masa con cuidado y extenderla suavemente con las manos aceitadas, sin aplastarla demasiado.
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Dejar descansar durante 15 minutos si la masa se resiste a estirarse. Después, acomodarla hasta cubrir la mayor parte de la fuente. Tapar y dejar levar entre 45 minutos y 1 hora, hasta que se vea inflada y con burbujas.
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Precalentar el horno a 220 °C. Distribuir el resto del aceite de oliva sobre la masa y presionar con las yemas de los dedos para formar los hoyuelos característicos, llegando casi hasta el fondo de la fuente.
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Repartir las hojas de romero fresco y espolvorear sal gruesa a gusto. Si se utilizan ramas enteras, retirar los tallos más duros y distribuir las hojas para que no se quemen en exceso.
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Llevar al horno durante aproximadamente 22 a 28 minutos, hasta que la superficie esté bien dorada y los bordes se hayan separado ligeramente de la fuente. La base también debe adquirir color.
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Retirar del horno y dejar reposar unos 10 minutos antes de desmoldar. Pasar la focaccia a una rejilla para que el vapor no humedezca la base y dejar entibiar antes de cortar.
Tips y consejos
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La masa de focaccia es naturalmente pegajosa. Su alta hidratación es fundamental para conseguir una miga liviana y aireada, por lo que no conviene agregar harina de más.
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Los pliegues y los tiempos de descanso permiten desarrollar el gluten sin necesidad de un amasado intenso.
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El aceite de oliva ayuda a que la masa no se adhiera y favorece una base dorada y ligeramente crocante.
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La masa debe verse inflada antes de formar los hoyuelos. Si todavía está densa, conviene darle más tiempo de levado.
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Los dedos deben hundirse lo suficiente para formar cavidades profundas, pero sin desgarrar la masa.
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Las hojas de romero pueden hundirse ligeramente en el aceite para evitar que queden demasiado expuestas al calor.
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Si la superficie ya está dorada pero la base sigue pálida, se puede dejar unos minutos más en una posición baja del horno.
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Guardar a temperatura ambiente en un recipiente bien cerrado durante 1 o 2 días. Para recuperar su textura, calentar unos minutos en horno moderado.
Con paciencia y buenos ingredientes, esta focaccia casera se convierte en una preparación sencilla que vale la pena repetir. El aroma que deja en la cocina es parte de su encanto.
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