Esta polenta con queso y tuco queda bien cremosa, abundante y con una cobertura llena de sabor, ideal para servir caliente y recién hecha.
La base suave de polenta se combina con queso derretido, salsa de tomate y carne bien condimentada, formando un plato simple pero muy rendidor.

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Es una receta perfecta para cuando querés algo casero, contundente y con ese sabor clásico que siempre dan ganas de repetir.
Ingredientes
Para la polenta:
- 1 taza de polenta instantánea
- 4 tazas de agua, leche o mitad y mitad
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharada de manteca
- 200 g de queso cremoso, muzzarella o port salut (es a gusto, puede ser mas o menos)
- 2 cucharadas de queso rallado
- Pimienta negra, a gusto
Para el tuco con carne:
- 300 g de carne picada
- 1 cebolla mediana
- 1 diente de ajo
- 1/2 morrón rojo
- 2 cucharadas de aceite
- 500 g de puré de tomate o tomate triturado
- 1 cucharada de extracto de tomate, opcional
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- 1/2 cucharadita de ají molido, opcional
- 1 hoja de laurel
- Sal, cantidad necesaria
- Pimienta negra, a gusto
- 1 pizca de azúcar, opcional
- Perejil fresco picado, opcional
Para terminar:
- 100 g extra de queso cremoso o muzzarella
- Queso rallado, a gusto
- Un poco de perejil picado, opcional
Preparación
- Picá la cebolla, el ajo y el morrón bien chiquitos. En una sartén o cacerola, calentá el aceite y agregá la cebolla con una pizca de sal. Cociná a fuego medio hasta que se vea transparente y apenas dorada.
- Sumá el ajo y el morrón. Mezclá durante unos minutos para que se ablanden y larguen sabor. No conviene quemar el ajo, porque puede dejar un gusto fuerte y amargo en la salsa.
- Agregá la carne picada y desarmala bien con una cuchara. Cocinala hasta que cambie de color y empiece a dorarse un poco. Ese dorado le da más sabor al tuco y hace que la salsa quede más rica.
- Incorporá el pimentón, el ají molido si lo usás, la pimienta y el extracto de tomate. Mezclá durante unos segundos a fuego bajo para que los condimentos se integren sin quemarse.
- Sumá el puré de tomate o tomate triturado, la hoja de laurel y una pizca de azúcar si la salsa está muy ácida. Mezclá bien, bajá el fuego y cociná de 20 a 30 minutos, revolviendo cada tanto. El tuco tiene que quedar espeso, sabroso y con la carne bien integrada.
- Mientras el tuco se cocina, prepará la polenta. En una olla, calentá el agua, la leche o la mezcla de ambas con sal. Cuando esté por hervir, bajá el fuego y agregá la polenta en forma de lluvia, mezclando constantemente con batidor de mano o cuchara de madera.
- Cociná la polenta según indique el paquete, generalmente entre 1 y 3 minutos si es instantánea. Revolvé sin parar para evitar grumos y para que quede bien suave.
- Cuando la polenta esté lista, agregá la manteca, el queso rallado y el queso cremoso o muzzarella en cubos. Mezclá hasta que el queso se funda y la preparación quede cremosa. Si se espesa demasiado, podés sumar un chorrito de leche caliente o agua caliente.
- Probá y ajustá sal y pimienta. La polenta debe quedar suave, cremosa y con buen sabor, porque es la base del plato.
- Colocá la polenta caliente en una fuente o plato grande. Encima distribuí cubos o tiras de queso cremoso o muzzarella para que se derritan con el calor.
- Cubrí con el tuco bien caliente, tratando de repartir la carne por toda la superficie. Sumá un poco más de queso por encima si querés un acabado más abundante.
- Serví enseguida, con queso rallado y perejil picado si te gusta. Lo ideal es llevarla a la mesa bien caliente, cuando el queso todavía está derretido y la salsa se mezcla con la polenta.
Tips y consejos:
- Para una polenta más cremosa, usá mitad agua y mitad leche. La leche le da una textura más suave y un sabor más redondo, ideal cuando la vas a servir con queso y tuco.
- Agregá la polenta siempre en forma de lluvia y mezclando sin parar. Si la volcás toda junta, se forman grumos difíciles de deshacer.
- Si la polenta queda muy espesa antes de servir, no la tires ni la fuerces. Sumá un chorrito de leche caliente o agua caliente y mezclá hasta recuperar una textura cremosa.
- El queso cremoso, la muzzarella o el port salut funcionan muy bien porque se derriten y forman esa capa suave que combina con la salsa. También podés mezclar un poco de queso rallado para reforzar el sabor.
- Para que el tuco tenga más gusto, dejá que la carne se dore antes de agregar el tomate. Si la tapás con salsa demasiado rápido, se cocina, pero no desarrolla tanto sabor.
- El pimentón conviene agregarlo con el fuego bajo y mezclar apenas unos segundos. Si se quema, puede dejar un sabor amargo en la salsa.
- Si querés un tuco más intenso, podés sumar un chorrito de vino tinto después de dorar la carne y dejar que evapore antes de agregar el tomate.
- La hoja de laurel aporta mucho aroma, pero acordate de retirarla antes de servir. No se come y puede quedar incómoda en el plato.
- Si querés una salsa más suave, reemplazá parte de la carne picada por zanahoria rallada. Le da dulzor natural y ayuda a equilibrar la acidez del tomate.
- Para una versión más abundante, podés agregar trocitos de chorizo colorado o panceta al sofrito. Conviene usar poca cantidad para que no tape el sabor de la polenta.
- La polenta se disfruta mejor recién hecha. Al enfriarse, toma cuerpo y se endurece, así que conviene prepararla cerca del momento de servir.
- Si te sobra polenta, podés extenderla en una fuente, dejarla enfriar, cortarla en porciones y dorarla en sartén al día siguiente. Queda muy rica con un poco de tuco por arriba.
- Si querés que el plato se vea más tentador, serví la polenta en una fuente baja, cubrila con queso y agregá el tuco por encima en forma generosa. El calor va a fundir el queso y dejar una presentación bien casera.
- Para un toque final más sabroso, podés espolvorear queso rallado y llevar la fuente unos minutos al horno fuerte o gratinador, solo hasta que el queso se derrita y se dore apenas.
Esta polenta con queso y tuco es bien rendidora, sabrosa y perfecta para servir en una fuente grande al centro de la mesa.
Con una polenta cremosa, una salsa espesa y bastante queso derretido, queda un plato simple, completo y muy reconfortante.
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