La fainá es una preparación sencilla, dorada y sabrosa, con una textura firme por fuera y más tierna por dentro.
Es perfecta para servir en porciones, acompañar otras comidas o disfrutar sola con un poco de pimienta.

Te recomendamos: Supremas rellenas de espinaca y queso
Bien hecha, queda pareja, aromática y con ese color tostado que la vuelve irresistible.
Ingredientes
- 250 g de harina de garbanzos
- 700 ml de agua
- 3 cucharadas de aceite
- 1 cucharadita de sal
- Pimienta negra a gusto
- 1 cucharada extra de aceite para la placa
- Romero seco o fresco, opcional
Preparación
- Colocá la harina de garbanzos en un bowl grande. Agregá la sal y mezclá unos segundos para que se distribuya bien.
- Sumá el agua de a poco mientras revolvés con batidor de mano. Al principio se puede formar una pasta espesa, pero a medida que agregás más agua la mezcla se vuelve líquida y pareja.
- Mezclá bien hasta que no queden grumos visibles. Si hace falta, podés pasar la preparación por un colador para que quede más lisa.
- Agregá el aceite y un poco de pimienta negra. Si querés darle un aroma distinto, sumá una pizca de romero, pero sin poner demasiado para que no tape el sabor de la harina de garbanzos.
- Tapá el bowl y dejá descansar la mezcla al menos 1 hora. Durante ese tiempo la harina se hidrata mejor y la preparación toma una textura más pareja.
- Antes de cocinar, revolvé nuevamente porque es normal que una parte de la harina se asiente en el fondo.
- Prendé el horno a temperatura fuerte, entre 220 °C y 240 °C. Colocá una pizzera o fuente redonda dentro del horno durante unos minutos para que tome temperatura.
- Retirá la placa caliente con cuidado, agregá una cucharada de aceite y movela para cubrir bien la base.
- Volcá la mezcla sobre la placa caliente, procurando que quede distribuida de manera pareja. Llevá enseguida al horno.
- Cociná durante 25 a 35 minutos, hasta que la superficie se vea dorada, con algunas partes más tostadas y los bordes firmes.
- Retirá del horno y dejá reposar unos minutos antes de cortar. Después dividí en porciones triangulares y serví con pimienta negra por encima si te gusta.
Tips y consejos:
- La preparación tiene que quedar líquida. No la espeses con más harina, porque la fainá puede quedar pesada y seca.
- El descanso ayuda mucho a mejorar la textura. Si podés dejar la mezcla un poco más de una hora, mejor.
- Usá una placa amplia para que no quede demasiado alta. La fainá suele quedar mejor con un grosor medio, ni finísima ni muy gruesa.
- La placa caliente ayuda a que la base tome mejor color y no quede demasiado blanda.
- No abras el horno muchas veces durante la cocción. Es mejor dejar que se dore tranquila y revisar recién cerca del final.
- Si querés una superficie más tostada, podés subir la placa un poco más arriba durante los últimos minutos.
- La pimienta negra recién molida le queda muy bien y realza el sabor sin necesidad de agregar demasiados condimentos.
- Si querés una fainá más suave, usá un poco menos de pimienta y evitá el romero.
- Para recalentarla, conviene usar horno o sartén. Así mantiene mejor la textura que en microondas.
- También podés hacerla en una fuente rectangular y cortarla en cuadrados, especialmente si querés servirla como picada.
Esta fainá casera queda dorada, sabrosa y con una textura ideal para cortar en porciones.
Con pocos ingredientes y una buena cocción, se logra una preparación clásica, rendidora y muy fácil de servir.
Raza Italiana Cosas de la terra nostra