Ñoquis de calabaza caseros
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Ñoquis de calabaza caseros

Los ñoquis de calabaza tienen ese color dorado tan característico y una textura suave que los hace distintos a los clásicos de papa.

La clave está en usar una calabaza bien seca para no tener que agregar harina de más.

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Con pocos ingredientes y algunos cuidados, quedan tiernos, livianos y perfectos para acompañar con una buena salsa.

Ingredientes

  • 800 g de calabaza cocida y hecha puré
  • 1 huevo
  • 250 a 350 g de harina 0000, aproximadamente
  • 80 g de queso rallado
  • 1 cucharadita de sal
  • Pimienta negra a gusto
  • 1 pizca de nuez moscada
  • Harina extra para la mesada

Preparación

  1. Cortá la calabaza en trozos grandes, retirale las semillas y cocinala al horno hasta que esté bien tierna. Conviene hacerla al horno y no hervida, porque así concentra más sabor y queda con menos agua.
  2. Una vez cocida, retirale la pulpa y pisala hasta formar un puré liso. Si notás que quedó muy húmedo, podés colocarlo unos minutos en una sartén a fuego bajo, revolviendo, para que pierda exceso de líquido.
  3. Dejá enfriar el puré antes de mezclarlo con el resto de los ingredientes. Si está caliente, puede absorber más harina y hacer que los ñoquis queden pesados.
  4. Colocá el puré frío en un bol. Agregá el huevo, el queso rallado, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Mezclá hasta integrar.
  5. Sumá la harina de a poco, mezclando suavemente. No agregues toda de golpe, porque la cantidad puede variar según la humedad de la calabaza. La masa tiene que quedar tierna, apenas pegajosa, pero manejable.
  6. Espolvoreá la mesada con harina y volcá la masa. Unila con las manos sin amasar demasiado. Si trabajás mucho la masa, los ñoquis pueden quedar duros.
  7. Dividí la masa en porciones y formá rollitos largos. Cortá pedacitos del tamaño de un ñoqui y pasalos por una ñoquera, tenedor o tablita ranurada para marcarles las líneas. También podés dejarlos lisos si preferís.
  8. Acomodá los ñoquis sobre una bandeja enharinada, sin encimarlos, para que no se peguen.
  9. Herví abundante agua con sal. Cuando rompa hervor, agregá los ñoquis por tandas. Apenas suban a la superficie, dejalos 30 segundos más y retiralos con espumadera.
  10. Servilos enseguida con la salsa que prefieras: manteca y salvia, crema, salsa de tomate suave, estofado o una salsa simple con queso rallado.

Tips y consejos:

  • La calabaza al horno es la mejor opción para esta receta. Si la hervís, absorbe mucha agua y después vas a necesitar más harina para formar la masa. Cuanta más harina agregues, más pesados van a quedar los ñoquis. Al horno, la calabaza se seca, concentra dulzor y mantiene ese color anaranjado intenso que se ve en los ñoquis bien hechos.
  • Si el puré quedó muy húmedo, no intentes arreglarlo solo con harina. Es mejor secarlo unos minutos en una sartén a fuego bajo o colocarlo sobre un colador fino para que pierda líquido. Este paso puede marcar la diferencia entre ñoquis livianos y una masa pesada.
  • La cantidad de harina siempre es aproximada. Depende del tipo de calabaza, de cómo fue cocida y de cuánta humedad tenga el puré. Lo mejor es agregarla de a poco y detenerse apenas la masa se pueda manejar. Tiene que quedar blanda y delicada, no seca como una masa de pan.
  • No amases demasiado. Los ñoquis necesitan una masa unida, pero no trabajada de más. Si amasás mucho, desarrollás el gluten de la harina y la textura final puede quedar gomosa o dura. Mezclá, uní y cortá lo justo.
  • El huevo ayuda a dar estructura, pero si la calabaza está muy seca y el puré tiene buen cuerpo, se puede usar solo una yema para una masa más delicada. En cambio, si la mezcla está muy blanda, el huevo entero ayuda a sostener mejor.
  • El queso rallado suma sabor y también ayuda a darle cuerpo a la masa. Usá uno de sabor marcado, pero sin exagerar, para que no tape el dulzor natural de la calabaza. La nuez moscada combina muy bien porque realza el sabor sin volverlo pesado.
  • Para formar los ñoquis, enhariná la mesada y las manos, pero no cargues la masa con harina innecesaria. Es mejor trabajar por porciones chicas. Si la masa se pega un poco, espolvoreá apenas la superficie, cortá rápido y acomodá en una bandeja enharinada.
  • Las ranuras no son solo decorativas. Ayudan a que la salsa se adhiera mejor. Podés hacerlas con una tablita para ñoquis, un tenedor o incluso dejarlos lisos si buscás una versión más rápida. Lo importante es que todos tengan un tamaño parecido para que se cocinen parejo.
  • Cocinalos en agua hirviendo con sal y por tandas. Si ponés muchos de golpe, baja la temperatura del agua y pueden pegarse entre sí. Cuando suben a la superficie, ya están casi listos. No los dejes hervir demasiado porque se pueden desarmar o quedar demasiado blandos.
  • Si querés prepararlos con anticipación, podés acomodarlos en una bandeja enharinada y llevarlos al freezer separados. Una vez congelados, pasalos a una bolsa o recipiente. Se cocinan directamente congelados en agua hirviendo, sin descongelar.
  • Una salsa muy pesada puede tapar el sabor de la calabaza. Para resaltar el gusto, van muy bien con manteca, salvia y queso rallado. También combinan con crema suave, salsa blanca liviana, salsa de tomate casera o una pomarola simple.
  • Si querés un color más intenso, elegí una calabaza bien madura, de pulpa naranja fuerte. Evitá las que tienen mucha agua o sabor muy suave. Cuanto mejor sea la calabaza, menos ingredientes vas a necesitar para que la receta quede rica.

Servilos apenas cocidos, con la salsa caliente y queso rallado por encima.

Son ñoquis caseros, suaves y con mucho sabor, ideales para una comida distinta sin dejar de ser simple y bien de cocina casera.

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