Los rosquetes glaseados son un clásico del norte argentino, especialmente de Santiago del Estero.
Su textura seca, el perfume a anís y el glasé blanco que los recubre los vuelven únicos.

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Son tan populares que todavía existen los “rosqueteros”, vendedores ambulantes que recorren las calles ofreciendo estas delicias.
Ingredientes
Para la masa
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1 kg de harina leudante
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1 huevo entero y 4 yemas
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150 g de manteca
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1 taza de azúcar
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1 cucharada de anís en grano
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1 taza de leche
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1 cucharada de coñac
Para el glasé
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3 claras
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150 g de azúcar
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75 ml de agua
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400 g de azúcar impalpable
Preparación
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Colocar la leche en una olla pequeña junto con el anís y llevar a hervor. Una vez que rompa el hervor, retirar del fuego y dejar que se enfríe para que el sabor se impregne bien.
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En la mesada, formar una corona con la harina. En el centro colocar el azúcar y la manteca blanda, y comenzar a frotar con los dedos hasta formar un arenado.
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Rehacer la corona y en el centro agregar el huevo, las yemas, el coñac y la leche ya fría con anís.
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Integrar los ingredientes desde el centro hacia afuera hasta formar una masa suave, que no se pegue en los dedos. Amasar lo justo y dejar descansar unos 20 minutos tapada con un repasador.
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Pasado el tiempo, formar los rosquetes haciendo rollitos y uniéndolos en forma de aro. Colocar en una placa enmantecada y dejar descansar 10 minutos más.
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Hornear en horno precalentado a 190 °C durante 12 a 15 minutos. Deben quedar apenas dorados. Retirar y dejar enfriar sobre una rejilla.
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Para el glasé, batir las claras a punto nieve. Al mismo tiempo preparar un almíbar con el agua y el azúcar, llevándolo a punto bolita blanda (al echar una gota en agua fría debe poder formarse una bolita suave).
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Incorporar el almíbar en caliente a las claras mientras se sigue batiendo enérgicamente. Una vez integrado, sumar el azúcar impalpable y continuar batiendo hasta lograr un glasé firme.
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Pincelar los rosquetes fríos con el glasé o sumergirlos directamente, dejando que se sequen sobre una rejilla hasta que endurezca la cobertura.
Consejos:
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El glasé debe aplicarse con los rosquetes bien fríos, de lo contrario se despegará.
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Si querés intensificar el sabor, podés tostar ligeramente el anís antes de hervirlo con la leche.
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Guardalos en un recipiente hermético; se conservan perfectos hasta por una semana.
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Si el glasé queda muy espeso, agregá unas gotas de jugo de limón para aligerar. Si queda muy líquido, sumá un poco más de azúcar impalpable.
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Para que la forma quede prolija, podés usar un cortante circular y luego hacer el agujero central con otro más pequeño.
Estos rosquetes glaseados santiagueños son una joya de la repostería regional, ideales para acompañar un buen mate o café.
¡Animate a prepararlos en casa y disfrutá de un sabor con historia!
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