Esta tarta de jamón, queso, tomate y pollo es una receta bien completa, sabrosa y rendidora para preparar en casa.
Queda con una base dorada, un relleno cremoso y una superficie gratinada con tomate y queso que la hace muy tentadora.

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Es ideal para servir caliente, recién salida del horno, cuando el queso todavía está fundido y el relleno se mantiene jugoso.
Ingredientes
- 2 tapas de masa para tarta o 1 tapa si la hacés sin cubierta
- 1 pechuga de pollo cocida y desmenuzada o cortada en trozos chicos
- 150 g de jamón cocido en fetas o en cubitos
- 250 g de queso cremoso, mozzarella o cuartirolo
- 2 tomates medianos
- 3 huevos
- 150 ml de crema de leche o leche
- 2 cucharadas de queso rallado
- 1 cebolla chica, opcional
- 1 cucharada de aceite
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- Orégano a gusto
- 1 pizca de nuez moscada, opcional
- 1 huevo batido para pincelar los bordes, opcional
Preparación
- Cociná la pechuga de pollo en agua con un poco de sal, al horno o en sartén, según prefieras. Una vez lista, dejala entibiar y desmenuzala o cortala en cubos chicos. La idea es que el pollo se note dentro del relleno, pero que no queden pedazos demasiado grandes.
- Si vas a usar cebolla, picála bien chica y salteala en una sartén con una cucharada de aceite hasta que quede transparente y apenas dorada. Este paso le da más sabor al relleno, pero podés omitirlo si querés una tarta más simple.
- Cortá el jamón en tiras o cubitos y el queso en pedazos medianos. Lavá los tomates y cortalos en rodajas finas. Si tienen mucha agua, podés apoyarlos unos minutos sobre papel de cocina para quitarles un poco de humedad y evitar que larguen demasiado líquido durante la cocción.
- En un bowl, colocá los huevos, la crema de leche o leche, el queso rallado, sal, pimienta, orégano y una pizca de nuez moscada si te gusta. Batí apenas hasta integrar. Esta mezcla ayuda a unir el relleno y le da una textura más cremosa.
- Agregá al bowl el pollo, el jamón, parte del queso y la cebolla salteada si la usaste. Mezclá bien para que todos los ingredientes queden distribuidos de manera pareja.
- Forrá una tartera con la masa, acomodándola bien sobre la base y los bordes. Pinchá el fondo con un tenedor para que no se infle demasiado. Si querés una tarta más firme, podés darle una precocción de 8 minutos en horno medio antes de agregar el relleno.
- Volcá el relleno sobre la masa y emparejá con una cuchara. Repartí por arriba el queso restante y acomodá las rodajas de tomate sobre la superficie. Espolvoreá con un poco más de orégano y, si querés, una cucharada extra de queso rallado para que gratine mejor.
- Si usás una segunda tapa, colocala por encima, cerrá bien los bordes y hacé un pequeño corte en el centro para que salga el vapor. Si preferís que se vea el relleno, dejala abierta como una tarta gratinada. En ese caso, el queso y el tomate quedan más visibles y dorados.
- Pincelá los bordes de la masa con huevo batido para que queden más brillantes y dorados. Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 30 a 40 minutos, o hasta que la masa esté bien cocida, el relleno firme y la superficie dorada.
- Retirá la tarta del horno y dejala reposar entre 5 y 10 minutos antes de cortarla. Ese descanso ayuda a que el relleno se asiente un poco, pero sin perder la textura cremosa del queso caliente.
Tips y consejos:
- Para que la tarta no quede aguada, es importante no usar tomate con demasiado líquido. Si los tomates están muy jugosos, conviene sacarles parte de las semillas o dejarlos escurrir unos minutos.
- El pollo puede ser hervido, al horno o salteado. Si usás pollo que sobró de otra comida, también queda perfecto, siempre que esté bien condimentado y cortado en trozos chicos.
- El queso cremoso aporta una textura más suave y fundente, mientras que la mozzarella queda más elástica. También podés combinar ambos para lograr mejor sabor y una buena capa gratinada.
- Si querés una tarta más alta, usá una tartera más chica y profunda. Si preferís una versión más baja y clásica, usá una tartera grande para que el relleno quede más distribuido.
- La precocción de la masa es recomendable cuando el relleno es húmedo, porque ayuda a que la base quede más firme y no se ablande.
- Para darle más sabor, podés sumar un poco de provenzal, albahaca picada o cebolla de verdeo. Usá poca cantidad para que no tape el sabor del jamón, el queso, el tomate y el pollo.
- Si la superficie se dora muy rápido pero la masa todavía necesita cocción, cubrí apenas con papel aluminio y continuá horneando unos minutos más.
- Al servirla caliente, usá una espátula ancha para levantar cada porción sin que se rompa. Si el queso está muy fundido, dejala reposar unos minutos más antes de cortar.
Esta tarta queda muy rica recién hecha, pero también se puede guardar en la heladera y recalentar en horno para recuperar la textura de la masa.
Es una receta completa, fácil de adaptar y perfecta para resolver una comida casera con ingredientes simples.
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