Es una receta sencilla, pero con un sabor intenso que se logra con un proceso bien casero y cuidado.
El toque ahumado cambia por completo el resultado y le aporta una personalidad distinta a cualquier escabeche clásico.

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Perfecto para tener listo y usar en tostadas, picadas o como acompañamiento en distintas comidas.
Ingredientes
- 2 berenjenas grandes
- 2 morrones rojos
- 200 a 300 ml de aceite de oliva
- 2 dientes de ajo (opcional)
- 1 cucharada de vinagre (opcional)
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- Orégano o ají molido (opcional)
Preparación
- Colocá las berenjenas y los morrones directamente sobre la hornalla a fuego medio/alto. Giralos cada tanto para que se quemen de manera pareja hasta que la piel esté completamente negra.
- Cuando estén bien quemados por fuera, retiralos del fuego y llevalos enseguida a una bolsa o recipiente cerrado. Dejalos reposar hasta que estén tibios.
- Pelalos con cuidado. No hace falta sacar todo: dejá una parte de lo quemado para intensificar el sabor.
- Picá tanto la berenjena como los morrones lo más chico posible, buscando una textura bien integrada.
- Si decidís usar ajo, agregalo bien picado en este momento.
- Colocá un poco de aceite de oliva en el fondo de un frasco limpio.
- Sumá la mezcla picada y cubrí completamente con más aceite hasta que todo quede bien sumergido.
- Condimentá con sal, pimienta y, si querés, un toque de vinagre, orégano o ají molido.
- Mezclá suavemente, cerrá el frasco y llevá a la heladera durante al menos 12 horas para que los sabores se asienten.
Tips y consejos:
- El punto clave está en el quemado: la piel debe quedar bien negra para lograr ese sabor ahumado característico.
- No retires completamente lo quemado, dejar una parte ayuda a potenciar el gusto final.
- Cuanto más fino sea el picado, mejor se integran los ingredientes y más agradable resulta la textura.
- Asegurate de que todo quede bien cubierto con aceite para conservar mejor y lograr el resultado típico.
- Si el sabor queda muy fuerte, podés suavizarlo agregando un poco más de aceite o apenas de vinagre.
- El ajo suma intensidad, por eso conviene usarlo con moderación para no tapar el ahumado.
- El reposo es fundamental: con el paso de las horas el sabor se vuelve mucho más profundo.
- Guardalo siempre en frío y verificá que el aceite cubra toda la preparación.
- Podés sumar variantes como cebolla cocida o unas gotas de limón, manteniendo siempre el protagonismo del ahumado.
Una preparación simple que, bien hecha, se destaca por su sabor y no pasa desapercibida.
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