Las rosquillas de maizena son un clásico de la repostería casera que nunca pasa de moda.
Con muy pocos ingredientes y una preparación sencilla, se obtiene una gran cantidad de piezas ideales para compartir en reuniones familiares, meriendas o simplemente para tener siempre a mano algo rico para acompañar el mate o el café.

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Lo mejor de esta receta es que con un kilo de maizena salen más de 100 rosquillas suaves y crocantes a la vez.
Ingredientes
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1 kg de maizena (fécula de maíz)
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400 g de manteca a temperatura ambiente
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2 latas de leche condensada de 395 g cada una
Preparación
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En un bowl amplio, colocá la manteca blanda junto con la leche condensada.
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Batí con cuchara de madera o espátula hasta que se integren bien.
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Incorporá la maizena de a poco, mezclando primero con la cuchara y luego con las manos.
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Seguí agregando hasta obtener una masa suave, lisa y que no se pegue en los dedos.
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Tomá pequeñas porciones y formá bolitas.
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Con cada bolita, armá un aro para darle la clásica forma de rosquilla.
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Disponelas en una bandeja enmantecada o cubierta con papel manteca, dejando espacio entre ellas.
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Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 15 a 20 minutos.
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Estarán listas cuando la base esté apenas dorada, mientras que la parte superior debe mantenerse clara.
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Dejalas enfriar antes de manipularlas, ya que son muy frágiles cuando están calientes.
Tips y consejos:
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Textura de la masa: si notás que la masa está muy seca y se resquebraja, podés agregar una cucharadita de leche para devolverle elasticidad. En cambio, si está demasiado blanda, sumá un poco más de maizena.
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Aromas adicionales: podés perfumar la masa con ralladura de limón, naranja o unas gotas de esencia de vainilla. Esto le da un toque distinto sin modificar la receta base.
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Conservación prolongada: guardá las rosquillas en frascos de vidrio o en latas bien cerradas. De esta forma mantienen su crocante por más de una semana sin problemas.
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Tamaño parejo: tratá de que todas las rosquillas tengan un tamaño similar para que se cocinen de manera uniforme y no queden algunas más doradas que otras.
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Decoración opcional: podés espolvorearlas con azúcar impalpable una vez frías o bañarlas con un glaseado liviano de limón para darles brillo.
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Variedades dulces: si querés innovar, probá mezclar un poco de coco rallado a la masa o hacer la mitad de la receta con chips de chocolate.
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Presentación casera: son ideales para regalar. Colocalas en bolsitas transparentes con un moño o en cajitas decoradas, y tendrás un presente simple y económico que siempre gusta.
Con esta receta vas a tener más de cien rosquillas listas para compartir, ricas, rendidoras y perfectas para cualquier ocasión.
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