Esta preparación clásica es ideal para darle un toque especial a tortas, facturas o postres caseros.
Tiene una textura sedosa, un sabor delicado y un color irresistible que la hacen imprescindible en la cocina. Bien hecha, queda firme pero a la vez súper cremosa.

Te recomendamos: Bocaditos de chocolate
Ingredientes
-
500 ml de leche
-
4 yemas de huevo
-
100 g de azúcar
-
40 g de maicena
-
1 cucharadita de esencia de vainilla
Preparación
-
En una olla, calentá la leche a fuego medio hasta que esté bien caliente, pero sin que llegue a hervir.
-
En un bowl aparte, mezclá las yemas con el azúcar hasta obtener una preparación más clara y ligeramente espesa.
-
Agregá la maicena y mezclá bien hasta que no queden grumos.
-
Incorporá de a poco la leche caliente a la mezcla de yemas, revolviendo constantemente para evitar que se cocinen de golpe.
-
Volvé a llevar toda la preparación a la olla.
-
Cociná a fuego bajo sin dejar de revolver, prestando atención a los bordes y al fondo para que no se pegue.
-
A medida que toma temperatura, la mezcla va a empezar a espesar.
-
Cuando alcance una consistencia cremosa y firme, retirá del fuego.
-
Agregá la esencia de vainilla y mezclá bien.
-
Pasala a un recipiente limpio y cubrí con film en contacto directo con la crema para evitar que se forme una capa seca en la superficie.
-
Dejá enfriar antes de usar.
Tips y consejos:
-
Revolver constantemente es clave para lograr una textura lisa y sin grumos.
-
Cocinar a fuego bajo evita que la crema se corte o se pegue.
-
Si se forman pequeños grumos, podés pasarla por un colador para mejorar la textura.
-
El punto ideal es cuando al levantar la cuchara, la crema cae de forma espesa y continua.
-
Para un sabor más intenso, podés infusionar la leche con cáscara de limón o una chaucha de vainilla.
-
Guardarla bien tapada ayuda a mantener su textura perfecta.
Es una base fundamental en muchas preparaciones y, una vez que la hacés bien, no hay vuelta atrás.
Raza Italiana Cosas de la terra nostra