Una opción irresistible para cualquier picada o reunión familiar.
Estos mini bocaditos combinan lo mejor de dos mundos: la suavidad del pan casero y el sabor potente de una buena albóndiga con salsa y queso.

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Son perfectos para los fines de semana, para llevar a la mesa algo distinto o incluso para que los más chicos disfruten de una merienda salada.
Fáciles, sabrosos y con mucho queso, no fallan nunca.
Ingredientes
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1 bollo de masa para pizza (puede ser comprada o casera)
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12 a 15 albóndigas cocidas (pueden ser caseras o congeladas y descongeladas)
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1 taza de queso mozzarella rallado
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1/4 taza de queso rallado tipo reggianito o similar
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1/2 taza de salsa de tomate para pizza
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2 cucharadas de manteca derretida o aceite
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1/2 cucharadita de ajo en polvo
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1/2 cucharadita de orégano seco
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Perejil fresco picado para decorar
Preparación
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Estirá la masa de pizza sobre la mesada enharinada hasta que quede de medio centímetro de espesor. Con un vaso o cortante redondo, hacé círculos de unos 6-7 cm de diámetro.
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Colocá cada círculo de masa sobre una placa aceitada. En el centro de cada uno, poné una cucharadita de salsa, una albóndiga y espolvoreá con abundante mozzarella y un poco de queso rallado.
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Mezclá la manteca derretida (o aceite) con el ajo en polvo y el orégano, y pincelá los bordes de cada bocadito para que se doren y tomen sabor.
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Llevá la placa al horno precalentado a 200 °C durante unos 15 minutos, o hasta que los bordes estén dorados y el queso burbujeante.
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Una vez listos, espolvoreá con un poco de perejil fresco picado para darles un toque de color y frescura.
Consejos:
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Podés usar cualquier tipo de albóndiga: de carne, pollo o incluso vegetarianas.
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Si querés hacer la masa casera, una receta rápida lleva harina 000, levadura, sal, agua y un chorrito de aceite.
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Para un sabor más intenso, sumá un poco de provolone rallado o unas gotitas de chimichurri antes de hornear.
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Quedan perfectos para congelar antes de hornear. Después, directo al horno sin descongelar.
Estos mini bocados son una bomba de sabor que se comen de un bocado.
Lo mejor: se preparan en minutos y siempre desaparecen de la fuente. Animate a hacerlos, y vas a ver cómo se convierten en un clásico de tu cocina.
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