Este risotto de pollo queda cremoso, sabroso y con ese punto especial que lo hace distinto sin complicar la receta.
El detalle que destaca es un poco de ralladura de limón al final, que levanta el sabor del pollo y equilibra la cremosidad del queso.

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Es una comida completa, rendidora y perfecta para servir bien caliente, con textura suave y mucho sabor.
Ingredientes
- 1 taza y 1/2 de arroz tipo carnaroli, arborio o doble carolina
- 1 pechuga de pollo grande
- 1 cebolla chica
- 1 diente de ajo
- 1/2 morrón amarillo o rojo, opcional
- 2 cucharadas de manteca
- 1 chorrito de aceite
- 1/2 taza de vino blanco, opcional
- 1 litro de caldo de pollo o verduras caliente, aproximadamente
- 3 cucharadas de queso rallado
- 2 cucharadas de queso crema o crema de leche
- Ralladura fina de 1/2 limón
- 1 cucharada de perejil picado
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- 1 pizca de pimentón
- 1 pizca de nuez moscada, opcional
Preparación
- Cortá la pechuga de pollo en cubos medianos, tratando de que queden parejos para que se cocinen al mismo tiempo. Condimentá con sal, pimienta y una pizca de pimentón. Este primer condimento ayuda a que el pollo no quede desabrido dentro del risotto.
- Calentá una sartén u olla amplia con un chorrito de aceite y una cucharadita de manteca. Dorá el pollo a fuego medio fuerte hasta que tome color por fuera. No hace falta cocinarlo por completo en este paso, porque después va a terminar de hacerse junto con el arroz. Retiralo y reservalo en un plato.
- En la misma olla, agregá la cebolla bien picada, el ajo picado y, si usás, el morrón cortado muy chiquito. Cociná a fuego medio hasta que la cebolla se vea transparente. Si el fondo de la olla quedó con restos dorados del pollo, mejor todavía, porque eso le va a dar más sabor al risotto.
- Sumá el arroz y mezclá durante uno o dos minutos, sin agregar caldo todavía. Este paso se llama nacarar el arroz y sirve para que los granos se impregnen con la manteca y el sabor de la base. Vas a notar que el arroz empieza a verse apenas brillante.
- Agregá el vino blanco y mezclá hasta que se evapore el alcohol. Si preferís no usar vino, podés reemplazarlo por un cucharón de caldo caliente. Lo importante es sumar líquido de a poco, sin cubrir todo el arroz desde el inicio.
- Incorporá el pollo dorado nuevamente a la olla y empezá a agregar el caldo caliente de a un cucharón por vez. Mezclá seguido, pero sin aplastar el arroz. Cuando el líquido se absorba casi por completo, agregá otro cucharón. Repetí este proceso hasta que el arroz esté cocido, cremoso y con una textura suave.
- Probá el punto del arroz después de unos 18 minutos. Tiene que quedar tierno, pero no pasado. Si todavía está duro, sumá un poco más de caldo caliente y continuá la cocción unos minutos más. La cantidad exacta de caldo puede variar según el tipo de arroz y el fuego.
- Cuando el risotto esté en su punto, apagá el fuego y agregá la manteca restante, el queso rallado y el queso crema o la crema de leche. Mezclá con movimientos envolventes para que quede bien cremoso. Este paso final es clave para lograr una textura untuosa sin que el plato quede pesado.
- Sumá la ralladura fina de limón, apenas una pizca de nuez moscada si te gusta, y el perejil picado. Mezclá una última vez y dejá reposar un minuto con la olla tapada. La ralladura no tiene que cocinarse demasiado, porque la idea es que conserve ese aroma fresco que hace que el plato se destaque.
- Serví enseguida, con un poco más de queso rallado por encima, pimienta recién molida y perejil picado. El risotto se disfruta mejor apenas hecho, cuando todavía está cremoso y brillante.
Tips y consejos:
- Usá caldo caliente durante toda la preparación. Si agregás caldo frío, cortás la cocción del arroz y el risotto puede quedar desparejo.
- No laves el arroz antes de cocinarlo. El almidón que trae el grano es fundamental para lograr esa textura cremosa característica del risotto.
- La ralladura de limón tiene que ser fina y solo de la parte amarilla. Si rallás la parte blanca, puede aportar un sabor amargo.
- El queso crema o la crema de leche no son obligatorios, pero ayudan a que el risotto quede más suave y rendidor. Con poca cantidad alcanza para mejorar mucho la textura.
- Si querés hacerlo todavía más sabroso, podés sumar unas hebras de azafrán o una pizca de cúrcuma al caldo. Le da color y un sabor más especial sin cambiar demasiado la receta.
- El pollo conviene dorarlo antes y no hervirlo directamente con el arroz. Ese dorado aporta sabor, mejora la textura y hace que el plato se vea mucho más apetitoso.
- No dejes el risotto demasiado seco. Al apagar el fuego debe quedar cremoso y algo fluido, porque mientras reposa sigue absorbiendo líquido.
- Si te sobra, guardalo en la heladera en un recipiente cerrado. Para calentarlo, agregá un chorrito de leche o caldo y mezclá a fuego bajo hasta recuperar la cremosidad.
Este risotto de pollo es simple, pero tiene un detalle fresco que lo diferencia: la ralladura de limón.
Con pocos ingredientes y una buena cocción, queda un plato cremoso, abundante y con sabor de comida casera bien hecha.
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