Estos rollitos son ideales para una merienda salada: quedan dorados, bien hojaldrados y con un relleno de queso que se siente en cada bocado, con el toque fresco del verdeo.
Se preparan rápido, rinden un montón y se pueden comer tibios o a temperatura ambiente.

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Son de esas recetas que ponés en la mesa y desaparecen solos.
Ingredientes
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2 tapas de masa de hojaldre (bien frías)
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250 g de muzzarella rallada
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150 g de queso crema
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2 cebollas de verdeo (parte verde y blanca) picadas bien finitas
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1 cucharadita de orégano seco
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Sal y pimienta
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1 huevo (para pincelar)
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Perejil picado (para terminar por arriba)
Preparación
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Prendé el horno a 200 °C y prepará una placa con papel manteca.
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En un bowl mezclá el queso crema con el verdeo picado, el orégano, sal y pimienta. Tiene que quedar una pasta fácil de untar.
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Estirá una tapa de hojaldre sobre la mesada. Untá una capa pareja de la mezcla de queso crema, dejando 1 cm libre en uno de los bordes para poder sellar.
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Repartí por arriba la muzzarella rallada de manera uniforme.
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Enrollá apretando suave, sin aplastar el hojaldre, y sellá el borde libre con un poquito de agua para que no se abra.
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Llevá el rollo al freezer 10 minutos para que se firme y sea más fácil cortar parejo.
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Cortá rodajas de 3 a 4 cm de grosor y acomodalas en la placa, dejando espacio entre cada una.
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Batí el huevo y pincelá apenas la superficie para que doren lindo.
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Horneá 18 a 25 minutos, hasta que estén bien inflados y dorados.
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Apenas salen, espolvoreá perejil picado por arriba.
Tips y consejos:
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La masa bien fría es clave para que queden hojaldrados y altos, sin desarmarse.
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No pongas demasiada mezcla en el borde: si el relleno llega hasta el final, cuesta sellar y puede escaparse al cocinar.
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El paso corto por freezer ayuda a que el corte salga prolijo y que todos los rollitos queden del mismo tamaño.
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Si querés un relleno más firme, usá muzzarella rallada fina y no te pases con el queso crema.
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Se recalientan muy bien unos minutos y vuelven a quedar crocantes por fuera.
Quedan perfectos para llevar a la mesa y picar, con ese dorado tentador y el sabor a queso y verdeo que nunca falla.
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