Esta salsa tiene ese sabor “a fuego” que cambia cualquier comida, con una base bien intensa y una textura rústica que no queda licuada de más.
Entre lo ahumado de las verduras y la palta en cubos, queda espesa, brillante y con carácter.

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Es de esas preparaciones que se hacen en pocos minutos y después levantan desde unas carnes hasta unas papas o una picada.
Ingredientes
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3 tomates perita (o tomates comunes bien maduros)
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1 ají picante verde fresco (del que consigas, tamaño chico/mediano)
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1 ají picante rojo fresco (opcional, suma color y picor)
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1 cucharadita de ají molido (o ají seco triturado, a gusto)
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2 dientes de ajo
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1/2 cebolla (común)
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Sal y pimienta negra a gusto
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1 a 2 paltas maduras pero firmes
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2 a 3 cucharadas de aceite (oliva o girasol)
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1 cucharada de jugo de limón (opcional, ayuda a equilibrar)
Preparación
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Lavá los tomates y los ajíes. Cortá la cebolla en trozos grandes para que sea fácil dorarla sin que se desarme. Dejá los dientes de ajo con cáscara.
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Llevá todo a “tatemar”: podés hacerlo sobre una plancha/sartén bien caliente, en una parrilla, o directo sobre la hornalla si te animás. La idea es que queden con partes bien marcadas y oscuras, sin miedo al quemadito.
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Dorá primero los tomates (van a ir ablandándose y largando jugo), después los ajíes, la cebolla y por último el ajo. Andá girando para que se marque parejo. En total, contá unos 10 a 15 minutos, según el fuego.
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Pasá las verduras tatemadas a un bowl y tapalas 5 minutos (con una tapa o film). Ese vapor ayuda a despegar la piel del tomate y a suavizar la cebolla sin perder el tostado.
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Pelá los tomates (si se despega fácil), pelá los ajos y, si querés una salsa más prolija, retirale la piel más quemada a la cebolla. Con los ajíes, podés sacarles semillas si preferís un picor más moderado.
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Procesá todo con la sal, la pimienta, el ají molido y el aceite. La textura ideal es “picada”: que se vean puntitos, semillas y pedacitos, no una crema lisa. Si no tenés procesadora, podés picar a cuchillo y después aplastar un poco con tenedor.
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Probá y ajustá. Si la querés un poco más redonda, sumá el jugo de limón. Si la querés más intensa, una pizca extra de sal suele acomodar todo.
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Cortá la palta en cubos medianos y sumala al final, mezclando suave para que queden pedazos visibles y no se haga puré.
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Dejala reposar 10 minutos antes de usarla, así se integran mejor los sabores y la salsa toma más cuerpo.
Tips y consejos:
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Si querés que se note más el “tostado”, marcá bien los tomates hasta que la piel tenga manchas negras, pero sin reducirlos a carbón: con zonas quemaditas alcanza.
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Para una textura más parecida a la de taquería, procesá poco y terminá de “romper” con cuchara, así queda bien rústica.
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Si la palta está muy madura, agregala en cubos más grandes y mezclá lo mínimo para que no se desarme.
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El ají molido te deja ajustar el picor sin depender tanto del ají fresco: arrancá con poco y subí al final.
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Guardala en heladera en frasco bien cerrado; si te queda, un chorrito de aceite arriba ayuda a que se mantenga linda.
Queda una salsa potente, con sabor ahumado marcado y cubos de palta que le dan una cremosidad justa.
Apenas la probás, te dan ganas de usarla en todo porque suma un montón sin necesidad de complicar la comida.
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