Una preparación simple pero llena de sabor, con textura rústica y ese equilibrio justo entre lo fresco y lo salado.
Ideal para darle vida a cualquier plato, desde carnes hasta papas o tostadas, y lista en pocos minutos sin necesidad de cocinar.

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Ingredientes
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1 taza de perejil fresco bien picado
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2 cucharadas de alcaparras
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2 dientes de ajo
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2 filetes de anchoa
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100 ml de aceite de oliva
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1 cucharada de vinagre (o jugo de limón)
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1 cucharada de pan rallado o miga de pan hidratada
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Sal y pimienta a gusto
Preparación
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Lavá y secá bien el perejil. Picalo lo más fino posible para lograr una textura pareja.
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Picá las alcaparras, el ajo y las anchoas hasta que queden en trozos chicos, sin hacer una pasta.
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Colocá todo en un bowl y agregá el pan rallado o la miga previamente humedecida. Esto le va a dar cuerpo a la salsa.
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Sumá el aceite de oliva de a poco mientras mezclás, integrando bien todos los ingredientes.
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Incorporá el vinagre o el jugo de limón y mezclá nuevamente.
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Probá y ajustá con sal y pimienta según tu gusto.
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Dejá reposar al menos 15 minutos antes de usar para que los sabores se integren.
Tips y consejos:
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No procesar en licuadora: la textura debe ser rústica y visible.
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El aceite de oliva tiene que ser de buena calidad, marca la diferencia.
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Las anchoas aportan profundidad, no queda sabor fuerte a pescado.
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Si querés una versión más suave, podés reducir el ajo.
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El reposo mejora muchísimo el sabor final.
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Se puede guardar en heladera unos días, siempre cubierta con aceite.
Queda intensa, fresca y con ese brillo característico que la hace irresistible para acompañar casi cualquier comida.
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