El Monte Cristo es un sándwich dorado, relleno con jamón y queso, que combina lo salado con un toque dulce muy particular.
Se pasa por una mezcla de huevo y leche, se cocina hasta quedar bien tostado y se termina con azúcar impalpable.

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Se sirve con mermelada roja al costado, logrando una mezcla cremosa, crocante y muy llamativa.
Ingredientes
Para 2 sándwiches:
- 4 rebanadas de pan lactal grueso, pan brioche o pan de molde
- 4 fetas de jamón cocido
- 4 fetas de queso tipo dambo, pategrás, gruyere, tybo o mozzarella firme
- 2 huevos
- 80 ml de leche
- 1 cucharadita de mostaza, opcional
- 1 cucharada de mayonesa, opcional
- 1 pizca de sal
- Pimienta negra a gusto
- 1 cucharada de manteca
- 1 cucharada de aceite
- Azúcar impalpable, cantidad necesaria
- Mermelada de frutos rojos, frambuesa, frutilla o arándanos para acompañar
Preparación
- Armá cada sándwich colocando una rebanada de pan como base. Si querés un sabor más intenso, untá una capa muy fina de mostaza o mayonesa en el interior del pan.
- Acomodá encima 2 fetas de jamón cocido y 2 fetas de queso. Tratá de que el queso quede bien repartido para que se funda de manera pareja al cocinarlo.
- Cerrá con la otra rebanada de pan y presioná apenas con la mano para compactar el sándwich. No hace falta aplastarlo demasiado; solo tiene que quedar firme para poder pasarlo por la mezcla de huevo.
- En un plato hondo, batí los huevos con la leche, una pizca de sal y un poco de pimienta negra. La mezcla debe quedar fluida y pareja, parecida a la que se usa para hacer tostadas francesas saladas.
- Pasá cada sándwich por la mezcla de huevo y leche. Mojalo de ambos lados, pero sin dejarlo demasiado tiempo para que el pan no se rompa.
- Calentá una sartén amplia a fuego medio con la manteca y el aceite. La manteca aporta sabor y el aceite ayuda a que no se queme tan rápido.
- Cociná los sándwiches de un lado hasta que estén dorados. Después dalos vuelta con cuidado y cocinalos del otro lado. Si son muy gruesos, podés bajar un poco el fuego y tapar la sartén durante unos minutos para que el queso se derrita bien por dentro.
- Cuando estén dorados, crocantes por fuera y con el queso fundido, retiralos y dejalos reposar 1 minuto sobre una tabla.
- Cortá cada sándwich por la mitad, en diagonal o en rectángulos, según cómo quieras presentarlos.
- Espolvoreá apenas con azúcar impalpable por encima y serví con mermelada roja al costado para mojar o acompañar cada bocado.
Tips y consejos:
- El pan ideal es uno un poco grueso, porque resiste mejor la mezcla de huevo y leche. Si usás pan muy fino, puede romperse o quedar demasiado blando.
- El queso tiene que fundirse bien, pero no largar demasiada agua. Por eso funcionan muy bien el dambo, el tybo, el pategrás, el gruyere o una mozzarella firme.
- La mermelada no es solo decoración: es parte del contraste clásico de este sándwich. La de frutos rojos, frambuesa o frutilla queda muy bien porque aporta acidez y equilibra el queso y el jamón.
- Si querés una versión más abundante, podés sumar una feta de pechuga de pavo o pollo cocido junto con el jamón. Muchas versiones clásicas del Monte Cristo combinan jamón, pavo y queso.
- No empapes demasiado el pan. Tiene que absorber un poco de la mezcla para dorarse y tomar sabor, pero sin desarmarse.
- Cocinalo a fuego medio. Si el fuego está muy fuerte, se dora rápido por fuera y el queso queda frío por dentro. Con fuego medio y unos minutos de paciencia, queda mucho mejor.
- Para que el queso se derrita bien, podés tapar la sartén durante la cocción final. Eso ayuda a que el calor llegue al centro sin quemar el pan.
- El azúcar impalpable debe ir en poca cantidad. La idea es dar ese toque dulce característico, no convertirlo en un postre.
- Si querés que quede más crocante, podés cocinarlo en sartén con un poco más de manteca o terminarlo unos minutos en horno fuerte.
- Servilo apenas hecho, cuando el pan todavía está dorado y el queso se mantiene cremoso. Es cuando mejor se disfruta la mezcla de texturas.
Este sándwich Monte Cristo queda dorado, cremoso y con una combinación de sabores muy especial.
El jamón y el queso fundido se mezclan con el toque dulce del azúcar impalpable y la mermelada, logrando una receta distinta, vistosa y perfecta para servir bien caliente.
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