Esta sopa crema de calabaza es una opción cálida, suave y muy sabrosa para una cena casera.
La textura queda espesa y aterciopelada, con el queso fundido aportando un toque cremoso irresistible.

Te recomendamos: Carne al horno con papas y cebollas
Es una receta simple, rendidora y perfecta para los días frescos.
Ingredientes
- 1 kg de calabaza pelada y cortada en cubos
- 1 cebolla mediana
- 1 diente de ajo
- 1 zanahoria chica
- 2 cdas de aceite o 1 cda de manteca
- 700 ml de caldo de verduras o de pollo
- 150 ml de crema de leche
- 150 g de queso cremoso, mozzarella o pategrás
- 3 cdas de queso rallado
- Sal a gusto
- Pimienta negra a gusto
- Nuez moscada a gusto
- 1 pizca de pimentón dulce, opcional
- Tomillo fresco o perejil picado, opcional
- Cubitos de pan tostado, opcional
Preparación
- Pelá la calabaza, retirale las semillas y cortala en cubos medianos. Cuanto más parejos sean los trozos, más uniforme va a ser la cocción. Picá la cebolla, el ajo y la zanahoria en pedacitos chicos.
- En una olla grande, calentá el aceite o la manteca a fuego medio. Agregá la cebolla y cocinala durante unos minutos, hasta que se vea transparente y empiece a soltar aroma. Sumá el ajo y la zanahoria, mezclando bien para que no se quemen.
- Incorporá la calabaza en cubos y condimentá con sal, pimienta, nuez moscada y una pizca de pimentón dulce si querés darle un color más intenso. Cociná todo junto durante 5 minutos, revolviendo cada tanto, para que la calabaza tome sabor desde el principio.
- Agregá el caldo caliente hasta cubrir casi por completo las verduras. No hace falta poner demasiado líquido, porque la idea es que la sopa quede cremosa y con cuerpo. Tapá la olla y cociná a fuego medio durante 20 a 25 minutos, o hasta que la calabaza esté bien tierna.
- Cuando las verduras estén cocidas, apagá el fuego y procesá con mixer directamente en la olla hasta lograr una crema lisa. Si preferís una textura más suave, podés pasarla por licuadora en tandas, siempre con cuidado porque la preparación está caliente.
- Volvé a llevar la olla a fuego bajo. Sumá la crema de leche y mezclá hasta integrar. Probá y corregí la sal si hace falta. En este punto, la sopa ya debe tener una textura espesa, suave y pareja.
- Agregá el queso cremoso, mozzarella o pategrás cortado en cubos chicos. Mezclá despacio hasta que se funda dentro de la sopa. Si querés que quede más intensa, sumá también el queso rallado y seguí revolviendo hasta que se derrita por completo.
- Cociná 2 o 3 minutos más a fuego bajo, sin dejar que hierva fuerte, para que la crema no se corte y el queso mantenga una textura suave. La sopa tiene que quedar brillante, cremosa y con un sabor bien equilibrado.
- Serví en bowls individuales. Por arriba podés agregar un poco más de queso, pimienta negra recién molida, unas hojitas de tomillo o perejil picado. Si querés darle un toque más completo, sumá cubitos de pan tostado justo antes de llevar a la mesa.
Tips y consejos:
- Para una sopa más sabrosa, podés dorar un poco la calabaza en la olla antes de agregar el caldo. Ese paso concentra el sabor y le da una base más rica a la preparación.
- Si la sopa queda demasiado espesa, agregá un poco más de caldo caliente hasta llegar a la textura que te guste. Conviene sumar de a poco para no pasarla de líquida.
- Si queda muy liviana, dejala cocinar unos minutos más sin tapa, siempre a fuego bajo, para que reduzca y tome más cuerpo.
- El queso cremoso aporta suavidad, la mozzarella da una textura más fundente y el pategrás suma un sabor más marcado. Podés usar uno solo o combinar dos, según lo que tengas en casa.
- La crema de leche puede reemplazarse por leche, pero la textura final queda menos aterciopelada. Si buscás una versión más suave, usá leche entera y reducí un poco la cantidad de caldo.
- No conviene hervir fuerte la sopa después de agregar la crema y el queso. Lo mejor es mantener fuego bajo para que todo se integre sin perder cremosidad.
- Los cubitos de pan tostado quedan muy bien si se preparan con pan del día anterior, un chorrito de aceite y una pizca de sal. Se pueden dorar en sartén o al horno.
- Para guardar, dejá enfriar y pasá la sopa a un recipiente con tapa. En la heladera se conserva bien durante 2 o 3 días. Al recalentar, hacelo a fuego bajo y revolviendo para recuperar la textura cremosa.
Queda suave, espesa y con un sabor bien casero. Es una receta ideal para servir como cena liviana, pero también puede acompañarse con pan tostado o una porción de queso extra para hacerla más completa.
Raza Italiana Cosas de la terra nostra