Esta tarta es un clásico de la pastelería casera: base suave, relleno cremoso y una cubierta de masa que se hornea hasta quedar apenas dorada.
El resultado es una tarta equilibrada, húmeda por dentro y con una textura delicada que se disfruta en cualquier momento.

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Ingredientes
Para la masa:
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250 g de harina
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120 g de manteca fría
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90 g de azúcar
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1 huevo
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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1 pizca de sal
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1 cucharadita de polvo de hornear
Para el relleno:
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500 g de ricota bien escurrida
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150 g de azúcar
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3 huevos
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100 ml de crema de leche
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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Ralladura de limón
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2 cucharadas de fécula de maíz
Para terminar:
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Azúcar impalpable para espolvorear
Preparación
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En un bowl colocá la harina, el azúcar, la pizca de sal y el polvo de hornear. Agregá la manteca fría en cubos y mezclá con los dedos hasta lograr una textura arenosa.
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Incorporá el huevo y la esencia de vainilla. Mezclá hasta formar una masa suave y uniforme. No hace falta amasarla demasiado.
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Formá un bollo, envolvelo y lleválo a la heladera durante 30 minutos para que la masa tome firmeza.
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Dividí la masa en dos partes: una un poco más grande para la base y otra para la cubierta.
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Estirá la porción más grande con un palo de amasar y forrá un molde para tarta previamente enmantecado, cubriendo base y bordes.
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Pinchá el fondo con un tenedor.
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En un bowl grande colocá la ricota junto con el azúcar y mezclá hasta lograr una textura cremosa.
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Agregá los huevos de a uno mientras mezclás. Luego incorporá la crema de leche, la esencia de vainilla y la ralladura de limón.
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Sumá la fécula de maíz y mezclá bien hasta que la preparación quede suave y sin grumos.
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Volcá el relleno sobre la base de masa y alisá la superficie.
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Estirá la masa restante y cubrí la tarta. Podés colocarla entera o en tiras formando un enrejado suave.
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Llevá al horno precalentado a 170–180 °C durante aproximadamente 45 minutos, hasta que la superficie esté dorada y firme.
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Dejá enfriar completamente antes de desmoldar.
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Antes de servir, espolvoreá azúcar impalpable por encima.
Tips y consejos:
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Escurrir bien la ricota ayuda a que el relleno quede más firme y cremoso.
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La ralladura de limón aporta frescura y realza el sabor del relleno.
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No batir demasiado la mezcla para evitar que el relleno pierda textura.
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Si querés una superficie más brillante, podés pincelar la cubierta con un poco de huevo batido antes de hornear.
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La tarta queda aún mejor después de unas horas de reposo en la heladera.
Cuando se enfría completamente, la textura del relleno se vuelve más firme y cremosa, logrando ese equilibrio perfecto entre la masa suave y el interior delicado que caracteriza a esta tarta.
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