Cómo hacer torrejas de acelga bien doradas y sequitas
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Cómo hacer torrejas de acelga bien doradas y sequitas

Las torrejas de acelga son una preparación casera, rendidora y muy sabrosa para resolver una comida simple.

Quedan doradas por fuera, tiernas por dentro y con ese sabor clásico que combina perfecto con una ensalada o una guarnición.

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Son ideales para aprovechar un atado de acelga y preparar algo rico sin complicarse demasiado.

Ingredientes

  • 1 atado grande de acelga
  • 2 huevos
  • 1 cebolla chica
  • 1 diente de ajo
  • 4 cdas de harina común
  • 2 cdas de queso rallado
  • 1 cdta de polvo de hornear
  • Sal, a gusto
  • Pimienta, a gusto
  • Nuez moscada, a gusto
  • 2 cdas de pan rallado, solo si la mezcla queda muy húmeda
  • Aceite, cantidad necesaria para cocinar

Preparación

  1. Lavá muy bien la acelga, separando las hojas para retirar cualquier resto de tierra. Podés usar las hojas y también una parte de las pencas más tiernas, siempre que estén bien picadas para que se integren mejor a la mezcla.
  2. Cociná la acelga en una olla con apenas un poco de agua o al vapor durante unos minutos, solo hasta que pierda volumen y quede tierna. No hace falta hervirla demasiado, porque después va a tener una segunda cocción en la sartén.
  3. Retirá la acelga, dejala entibiar y escurrila muy bien. Primero podés presionarla en un colador y después apretarla con las manos o con un repasador limpio. Este paso ayuda a que la preparación quede con cuerpo y que las torrejas se puedan formar sin problema.
  4. Picá la acelga bien fina sobre una tabla. Cuanto más pareja quede, mejor se mezcla con los huevos, la harina y los condimentos. Reservala mientras preparás el resto.
  5. Picá la cebolla y el diente de ajo. Colocalos en una sartén con unas gotas de aceite y cocinalos a fuego medio hasta que la cebolla se vea transparente y el ajo suelte aroma. No hace falta dorarlos fuerte, solo suavizarlos para que no queden crudos dentro de las torrejas.
  6. En un bowl grande, colocá la acelga picada, la cebolla salteada, el ajo, los huevos, el queso rallado, sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Mezclá con una cuchara hasta que todos los ingredientes queden bien repartidos.
  7. Agregá la harina común y el polvo de hornear. Mezclá nuevamente hasta formar una preparación húmeda, pero firme. Si al levantar una porción con la cuchara se desparrama demasiado, sumá el pan rallado de a poco hasta que tome mejor consistencia.
  8. Dejá reposar la mezcla durante 5 minutos. Ese descanso permite que la harina y el pan rallado, si lo usaste, absorban parte de la humedad y la preparación quede más fácil de manejar.
  9. Calentá una sartén con una capa fina de aceite. No hace falta que las torrejas naden en aceite; alcanza con cubrir apenas la base para que se doren bien y queden más livianas.
  10. Tomá porciones de mezcla con una cuchara y colocalas en la sartén caliente. Dales forma redonda o apenas irregular, sin buscar que queden perfectas. Lo ideal es que se vean caseras, con bordes rústicos y un grosor medio.
  11. Cocinalas a fuego medio hasta que la base esté dorada y firme. No las muevas apenas las apoyás en la sartén, porque necesitan formar una costra para poder girarlas sin romperse.
  12. Dalas vuelta con una espátula y cocinalas del otro lado hasta que estén bien doradas. Si ves que toman color demasiado rápido, bajá un poco el fuego para que se cocinen por dentro sin quemarse por fuera.
  13. Retiralas y apoyalas sobre papel absorbente. Dejalas reposar unos minutos antes de servir para que se asienten y mantengan mejor la forma.
  14. Servilas recién hechas, solas o acompañadas con ensalada, puré, arroz o unas papas al horno. También podés sumar unas gotas de limón al momento de comerlas si te gusta ese toque fresco.

Tips y consejos:

  • La acelga tiene mucha agua, por eso conviene escurrirla con paciencia. Si queda demasiado húmeda, la mezcla pide más harina y las torrejas pueden salir pesadas.
  • No agregues toda la harina de golpe si la acelga es chica o quedó muy bien escurrida. Empezá con la cantidad indicada y ajustá solo si hace falta.
  • El queso rallado suma sabor y ayuda a que la mezcla quede más sabrosa, pero no hace falta excederse. Con un par de cucharadas alcanza para darle buen gusto sin tapar la acelga.
  • La nuez moscada combina muy bien con este tipo de preparación, pero usala en poca cantidad. Una pizca es suficiente para perfumar sin invadir el sabor.
  • Para que salgan más sequitas, evitá poner demasiado aceite en la sartén. Una capa fina y fuego medio dan mejor resultado que una fritura pesada.
  • Si preparás muchas, conviene limpiar la sartén entre tandas si quedan restos quemados. Eso evita que las siguientes torrejas tomen un sabor amargo o se manchen demasiado.
  • También podés cocinarlas al horno. Colocalas en una placa aceitada, pincelalas apenas por arriba y cocinalas a temperatura fuerte hasta que estén doradas de ambos lados. No quedan exactamente iguales que en sartén, pero son una buena opción para hacer más cantidad.
  • Si querés guardarlas, dejalas enfriar por completo y llevalas a la heladera en un recipiente cerrado. Para recalentarlas, lo mejor es usar sartén, horno o freidora de aire, así recuperan mejor la textura.
  • Si la mezcla queda muy blanda, no intentes compensar solamente con harina. A veces conviene sumar un poco de pan rallado, porque absorbe humedad y ayuda a que la torreja mantenga una textura más agradable.
  • Para una versión más completa, podés agregar un poco de zanahoria rallada bien escurrida o una cucharada de ricota firme. En ese caso, revisá la consistencia antes de cocinar, porque esos ingredientes pueden aportar humedad.

Estas torrejas de acelga quedan doradas, sabrosas y con una textura casera muy tentadora.

Una receta simple para servir recién hecha y disfrutar en cualquier comida.

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