Criollitos de grasa caseros
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Criollitos de grasa caseros

Dorados, hojaldrados y con ese sabor clásico de panadería, estos criollitos son ideales para la merienda.

Quedan tiernos por dentro, apenas crocantes por fuera y con capas visibles que se separan al morder.

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Son perfectos para acompañar con mate, café o una infusión caliente, recién hechos o apenas tibios.

Ingredientes

  • 500 g de harina 0000
  • 15 g de levadura fresca o 5 g de levadura seca
  • 250 ml de agua tibia, aproximadamente
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 12 g de sal
  • 120 g de grasa vacuna blanda
  • 30 g de grasa vacuna extra para pincelar
  • Harina extra para estirar

Preparación

  1. Colocá la levadura en un recipiente chico con el azúcar y un poco del agua tibia. Mezclá y dejá reposar unos 10 minutos, hasta que se active y se forme una espuma suave en la superficie.
  2. En un bowl grande, poné la harina y la sal. Mezclá bien para que la sal se distribuya y no quede en contacto directo con la levadura. Hacé un hueco en el centro y agregá la levadura activada, la grasa blanda y parte del agua tibia.
  3. Empezá a integrar con la mano o con una cuchara. Sumá el resto del agua de a poco, solo hasta formar una masa tierna. Puede que no necesites todo el líquido, porque depende de la harina y de la humedad del ambiente.
  4. Pasá la masa a la mesada y amasá durante 8 a 10 minutos, hasta que quede lisa, pareja y elástica. No tiene que ser una masa dura, pero tampoco demasiado pegajosa. Si hace falta, espolvoreá apenas con harina, sin excederte.
  5. Formá un bollo, colocalo en un bowl apenas enharinado, tapalo con un repasador limpio y dejalo descansar hasta que aumente su volumen. No hace falta que duplique por completo, pero sí que se note más aireado y relajado.
  6. Una vez descansada la masa, estirala sobre la mesada en forma de rectángulo. Pincelá la superficie con un poco de grasa blanda o derretida apenas tibia. Doblá la masa en tres partes, como si fuera una carta.
  7. Girá la masa, volvé a estirarla suavemente y repetí el mismo procedimiento: pincelá con grasa y doblá nuevamente en tres. Tapá y dejá descansar 15 a 20 minutos para que la masa se relaje y sea más fácil trabajarla.
  8. Estirá la masa por última vez hasta lograr un grosor aproximado de 1,5 a 2 cm. No la dejes demasiado fina, porque los criollitos necesitan altura para que se noten las capas y queden tiernos por dentro.
  9. Cortá cuadrados o rectángulos chicos con un cuchillo filoso. Acomodalos en una placa apenas engrasada o con papel manteca, dejando un poco de espacio entre cada uno.
  10. Pinchá la superficie de cada criollito con un tenedor. Esto ayuda a que suban de manera más pareja y mantengan la forma clásica.
  11. Tapalos con un repasador y dejalos descansar unos 20 a 30 minutos más, mientras precalentás el horno a 180 °C.
  12. Pincelalos con un poco de grasa derretida por arriba. Llevá al horno durante 20 a 25 minutos, o hasta que estén dorados, firmes y con la base apenas tostada.
  13. Retiralos del horno y dejalos entibiar sobre una rejilla o sobre la misma placa. Se pueden comer tibios, cuando todavía están bien aromáticos, o fríos, cuando toman una textura más firme.

Tips y consejos:

  • La grasa vacuna es lo que les da ese sabor clásico de panadería. Si querés un resultado más suave, podés reemplazar una parte por manteca, pero el sabor no va a ser exactamente el mismo. Para que queden bien tradicionales, lo mejor es usar grasa de buena calidad y trabajarla blanda, no líquida caliente.
  • El agua tiene que estar tibia, no caliente. Si está muy caliente, puede afectar la levadura y hacer que la masa no crezca bien. Lo ideal es que al tocarla se sienta apenas cálida.
  • No agregues demasiada harina al amasar. La masa puede parecer un poco tierna al principio, pero con el amasado toma cuerpo. Si la cargás con harina extra, los criollitos pueden quedar duros y secos.
  • Los descansos son importantes. Aunque parezca una receta simple, dejar reposar la masa entre estirado y estirado ayuda a que no se contraiga y a que las capas se formen mejor. Si intentás estirarla de golpe, puede ponerse elástica y difícil de manejar.
  • Para que se vean bien hojaldrados, no aplastes la masa después del último doblez. Estirala con suavidad y cortá con cuchillo filoso, sin arrastrar demasiado, para no sellar los bordes. Si los bordes quedan muy presionados, las capas pueden no abrirse tanto.
  • El grosor final marca mucho la diferencia. Si los dejás muy finitos, salen más secos y crocantes. Si los dejás un poco más altos, quedan con mejor miga, más capas y una textura más parecida a los criollitos de panadería.
  • El pinchado con tenedor no es solo decorativo. También ayuda a que el vapor salga durante la cocción y evita que se inflen de forma despareja. Conviene pincharlos en el centro, sin atravesarlos por completo con demasiada fuerza.
  • El horno debe estar bien precalentado. Si entra la placa con el horno frío o muy bajo, la grasa se derrite antes de que la masa tome estructura y los criollitos pueden quedar pesados. Con horno moderado, se doran parejo y conservan mejor las capas.
  • Si querés una superficie más dorada, podés pincelarlos una vez antes de hornear y otra apenas salen del horno, con muy poquita grasa derretida. Eso les da un acabado más sabroso y una textura más tentadora.
  • Para guardarlos, dejalos enfriar por completo y ponelos en un recipiente bien cerrado. Al día siguiente, podés calentarlos unos minutos en horno bajo para que recuperen parte de la textura. Evitá el microondas si querés que sigan apenas crocantes por fuera.
  • Quedan muy bien solos, pero también se pueden servir con queso crema, manteca, fiambre o una mermelada suave si te gusta el contraste dulce-salado. Para una merienda simple, una fuente de criollitos tibios alcanza para que todos quieran repetir.

Estos criollitos de grasa caseros son una receta rendidora, simple y muy sabrosa.

Con pocos ingredientes y buenos descansos, salen dorados, hojaldrados y perfectos para acompañar cualquier merienda.

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